jueves, 10 de junio de 2010

White Rabbits

El otro día estuve observando desde el living de mi casa, más precisamente en mi ordenador o computador manual como dirían los gallegos, un show de magia donde un prototipo de David Copperfield del subdesarrollo sacaba un conejo de su galera. Entonces el chip que tengo desactivado en mi sistema cerebral se activó repentinamente abriendo mis ojos y expandiendo mi mente, concluyendo en una pregunta que seguro se la habrán hecho si observaron un acto de magia o ilusión. ¿De dónde mierda sacan los magos a los conejos que salen de las galeras? O mejor dicho, ¿a dónde diablos van después? Santas preguntas pelotudas Batman, diría robin ante semejante reflexión, pero a mi siempre me chupó un huevo ese petiso puto y cabezón que usaba slipeta roja. Y empecé a analizar. Antes que nada, no intenten hacer esto en sus casas, a no ser que tengan un conejo o demasiado tiempo al pedo.
Supongamos que existe un mundo paralelo (o ¿para lelos?) donde todo es una gran granja con pasto, zanahorias y conejos reproduciéndose todo el tiempo entre orgías y tomates aplastados, pero que en ese granero marrón que opaca el colorido del horizonte hay una maquinaria, como las máquinas de los aserraderos, que van chupando conejos de a uno por vez, y los desaparece, o mejor dicho se los hace aparecer al mago que en su teatrito de ilusiones, hace sonreir a chicos que están con la barra de chocolate en la boca, y algunos tomando la teta de la madre. Sería un análisis mágico, y hasta lindo acerca de este fenómeno. Pero mi introspección llegó a mostrar el lado oscuro o como llamo, The Dark Side of the Wizards.
Este nuevo mundo es un mundo antagónico, hay oscuridad, nubes negras y árboles talados. La granja ya no tiene pasto y el tractor sirve como casa para las pocas galllinas que lograron sobrevivir. Ya no hay un granero sino una fábrica que contrata conejos para explotarlos. Los hacen trabajar 23 horas y sólo les dan una hora para reproducirse, pero con el fin de traer a este submundo a más conejos que puedan cubrir más puestos. Entonces la sistemática perversión de los productores de espectáculos ultra capitalistas logra su cometido. Los magos hacen aparecer a conejos que en el momento de salir de la galera lucen contentos, felices pero que ese estado se debe a las diversas amenazas a las que son sometidos durante su trabajo en la fábrica. Cruel, pero más cercano a la realidad que el primer análisis. Y deja en claro la primera de las dos preguntas. Ahora vayamos con la segunda, es decir el lugar a donde van estos animalitos.
Un primer pensamiento en un plano más positivo y soñado nos muestra una colina verde, igual que la muchos de ustedes vieron en "La novicia rebelde". Hay montañas con picos nevados, pajaritos que trinan en las copas de los árboles. Hay un río tan transparente que refleja el cielo celeste con dos o tres nubes. El agua forma un arco iris que despega chispas coloridas sobre las piedras que asoman. Las ardillas juegan y en medio de este paraíso, los conejos corriendo y saltando en cámara lenta. Algunos tiran galeras como frisbees y también en cámara lenta. Otros juegan a las escondidas y algunos leen libros, y un poco más allá, hay un mini teatro donde un mago está actuando para doscientos conejos que auspician de espectadores bajo el cielo de una tarde primaveral. Todo es amor, paz y buena vida. Pero no es el único análisis que tengo sobre el destino de los conejos una vez que abandonan la galera de los magos. Hay otro panorama.
Este nos ubica en Liniers, cerca de la Avenida Rivadavia y a pasitos de Cudadela (cruzando la General Paz). Hay olor a fritanga, debido al alto grado de preparación de bolas de fraile y churros. Hay olor a estación de tren y aceite de viejos camiones estancados en veredas anchas. Hay gente que camina todo el tiempo. Hay murmullos, un pasillo y ahí lo vemos. Estamos dentro de un mercado ilegal de carne, más preciso sería decir en un matadero. Hay mucho bicherío colgado, desde ranas hasta carpinchos traídos de Mburucuyá, Corrientes. Pero metámonos en el meollo de nuestro análisis. Vemos a un hombre vestido de smoking. Misteriosamente lleva una capa negra como la de un mago; es un mago y lo que tiene en la mano es un pequeño y blanco conejo que es entregado por unos billetes a un carnicero. El resto, lo imaginarán. Entonces aquí termmina mi análisis y debo concluir de una manera categórica. Existen dos tipos de personas. Los que sostiene que los conejos son una plaga y los que sostienen que los conejos que usan los magos, ahora son virtuales.
Muchas gracias.

3 comentarios:

  1. Y el carnicero luego lleva lo que “quedó” del conejo y se lo vende a alguna fábrica de camperas para que alguna damisela lo luzca
    Excelente!

    ResponderEliminar
  2. Exeenenteh... Diria M.Burns, Soy de las personas que sostiene que los conejos son una plaga... y espero que no me caiga la guardia ambiental a mi casa en escasos momentos... ante la duda voy a ocultar la IP antes de emitir comentario... ...ya esta.
    Bueno nacho, te mando un abrazo grande y esto estuvo muy bueno.
    Aguante ARGENTINA...(y el ciclon) ;o)

    ResponderEliminar
  3. Lola: Gracias por el halago y es muy cierto lo de la piel de la criatura.

    Juan: Gracias, y tranquilo que no te va a caer nada, a no ser que se te desprenda el yeso del techo. Vamos el ciclón este año eh.

    ResponderEliminar