De chicos escuchamos muchas melodías infantiles que de grandes asociamos con letras de todo género. De aquellas líneas que decían, "estamos invitados a tomar el té" a "me diste un beso y casi me matás de la baranda a leche que largás", hemos atravedo un período musical donde un sinfín de canciones fueron marcando etapas de nuestras vidas, y que están a la vista en cada subte, en cada colectivo, en cada estadio y hasta en el famoso boliche bailable Tropitango. Por eso, acompañado por el análisis de una socióloga canadiense abordaremos el contexto sociocultural de estos estereotipos musicales, que una vez Coffler hiciera para un comercial de televisión. Queremos decir, que cualquier persona que se sienta identificada y/o agredida no es mi intención aunque la intencionalidad del hecho hace que la no intención se vuelva un hecho intencional pero sin querer queriendo.
Dividimos las edades humanas en cuatro etapas. La primera que abarca desde los 3 hasta los 6 años, la segunda que va desde los 7 hasta los 12, la tercera que comprende desde los 13 hasta los 18 y la cuarta que va desde los 19 en adelante, y que a la vez tiene subetapas.
Cuando uno es chico, o por lo menos tan chico como tres años la vida le sonríe, ya que los primeros regalos suelen ser payasos risueños, o juegos didácticos donde predomina la felicidad, todo parece perfecto. La granjita de colores, las vacas fotogénicas, las jirafas verdes y los elefantes rosas contextualizan una construcción intelectual in crescendo y es entonces que los chicos son llevados a escuchar (y digo llevados porque son los mayores quienes abren sus puertas musicales) canciones infantiles. Melodías simples, llevaderas, con coros divertidos y el infaltable tarareo de la señorita de jardín. Sin embargo el chico crece y tiene que dejar el uniforme de jardin por el antiguo guardapolvo, y es entonces que el chico entra en la segunda etapa (la anterior fue la primera, para algún desprevenido). Aquí encontramos al chico pre-edad del pavo, y es cuando quieren imitar a los adultos. Adquieren merchandising, en especial remeras y collares, de grandes bandas, sobre todo de bandas metaleras y de culto, y tratan de lucirlas en pijamas partys, cumpleaños y peloteros. En algunos barrios de la ciudad suelen usar sus guardapolvos como paredes para grafitearlos con los primeros intentos de logos como los de Metallica, Iron Maiden y el siempre presente AC/DC. En esta etapa comienzan a entender que existe una guitarra que lleva el sonido hasta el extremo y una batería que lleva el ritmo como Riquelme en el mejor Bianchismo xeneixe.
Uno de los mayores cambios hormonales se gesta en el despertar de la pubertad, es decir en la edad del pavo que justo coincide con la etapa de la escuela media o secundario. Es cuando los chicos intentan conquistar de manera pelotuda al sexo opuesto, aunque a veces al mismo sexo. Pero es la etapa donde más definen su plenitud musical. Es decir, se visten según lo que escuchan, se inmolan a la moda del trovador de palabras que desde un escenario o desde un estudio de grabación, grita "me cagó en la moda y es así cómo hay que vivir". Ya empiezan a poner en sus nicks messengereanos, frases de sus artistas, de letras de sus artistas, y hasta de frases de las mujeres de sus artistas. Empiezan los recitales y el tretrabrick, la cerveza en botella de plástico y el fasito con la arandela de la llave. Los puchos compartidos y el despertar del sexo, porque sexo, drogas y rock and roll siguen firmes después del frustrado atentado ochentoso.
La cuarta etapa es la que va a marcar definitivamente el gusto musical de cada adolescente que está a un paso del adulto. Generalmente está terminando la escuela media para entregarse a las responsabilidades y a los compromisos de la vida. La facultad, el trabajo, los hijos antes de tiempo, los piquetes y muchas cosas más, endurecen a este tierno pollito que sólo venía amedrentando su vocación de músico no músico (todas las personas que vivimos de la música sin hacerla, por lo menos de manera profesional) y lo prepara para la vida real. Es acá que el gusto musical queda marcado para siempre, es decir, más adelante tendrá otros gustos porque la vida es una cronología de ir sumando experiencias y cosas nuevas y desechar algunas viejas, pero la música que aquí adquieren los acompaña por el resto de sus vidas. Si no es de manera constante, es a través de recuerdos, nostalgia y olores típicos que marcan una época. Me atrevo a decir que en esta etapa la persona llega a intimidar con la música para siempre y todo lo que vaya adquiriendo, servirá para agudizar lo adquirido y ser más selecto y no tan impulsivo.
Dijimos que dentro de esta etapa había otras, pero no son tan reelevantes, porque la vida deja de serlo para ser una bola con más preocupaciones, más obligaciones y siempre terminamos queriendo volver a la etapa que acabamos de narrar. Claro que está el viejazo que nos lleva a escuchar música que antes no hubiéramos escuchado, pero para sentirnos más en sintonía con las personas de la tercera edad, o para tratar de sintonizar la radio de nuestros futuros geriátricos, cuando alguna persona con tiempo de sobra esté intentando analizar las etapas musicales de la vida de una persona.
Dormir en la lluvia
Hace 13 años
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